11.3.15

Hoy no ha sido la alarma del teléfono ni la luz entrando por la ventana la que me ha despertado, sino el dolor. Después ha amanecido, pero no en mi. Mi reloj todavía marca las 1 de la madrugada del día de ayer, el momento exacto en el que te perdí. No he dormido, cómo hacerlo sabiendo que tú no volverás a ser mi almohada, que no volveré a despertarme en mitad de la noche pensando que es un sueño lo que estoy viviendo, para luego girarme y ver que no, que sigues ahí, tumbado a mi lado, pero ya no.

Ya no volverás a estar, no como me gustaría que estuvieras. Tenía tantas esperanzas, tanta ilusión por luchar por algo que los dos sabíamos que era demasiado complicado... Y confiaba en ti, de verdad que lo hacía. Confiaba en que te resultaría imposible renunciar a mi, a mi voz, a mis besos, a mis enfados de niña pequeña. Ahora sé que no. Ahora sé que sigo siendo la misma inútil que está dispuesta a dar todo de sí misma por las personas que más quiere. Que ama como si fuera la primera vez, aunque ya le hayan roto el corazón en mil pedazos antes. Que lo entrega todo arriesgándose a quedar totalmente vacía. Vacía... que bien me define esa palabra ahora mismo. Estoy vacía, de ilusiones, de esperanza, de un mínimo atisbo de felicidad, vacía en todos los sentidos. Las fuerzas no me llegan ni para escribir esto, porque jamás me hubiera imaginado haciéndolo.

No te imaginas cuánto he llegado a quererte, cuánto lo hago. Te convertiste en mi película favorita desde el primer momento en que empecé a sentir por ti, y ahora sólo puedo darle a rebobinar una y otra vez en mi cabeza, como si así aún siguieras conmigo, como si aún no te hubieras ido.

Te escribo desde la cama en la que debería estar acurrucada a ti, donde nos ha anochecido y amanecido juntos, donde has llegado a hacerme tan feliz. Ahora tu lado se ha quedado tan vacío como me he quedado yo, y lo único que arropan ahora mis sábanas es tu ausencia.

No te imaginas cuánto dueles, quiero que pare. Necesito que pare este dolor que se ha llevado todas mis fuerzas y mis ganas en un abrir y cerrar de ojos. Me enamoré de cada uno de tus centímetros, habría aguantado cualquier tormenta solo por saber que te tengo conmigo, pero el hecho de que yo te necesite tanto no implica que tú también lo hagas.

Te lo has llevado todo contigo. Pensaba que desde la última vez, nadie volvería a dolerme tanto, nadie despertaría en mi esa maldita necesidad de necesitar. Pero te necesito, y te quiero (Dios, y no sabes cuánto). Y me dueles, me dueles como nunca.

No sé si algún día cambiarás de opinión. Por mi parte, sigo sin creer que haya cosas imposibles, y lo nuestro no es imposible. La palabra Imposible es una excusa que utilizan las personas que no tienen agallas a luchar por algo. Yo las tenía todas de mi parte, porque el premio, que eras tú, me motivaba más que cualquier excusa. Y ya estoy empezando a hablar en pasado, y ni si quiera me estoy dando cuenta. Creo que aún no soy consciente de esto, creo que el dolor aún puede incrementarse más, si es que es posible. Exagerada, para muchos, pero no para mi. No para mi que siento que he perdido uno de los grandes premios que ofrece la vida, uno de esos trenes en los que si no te subes pronto, pierdes para siempre. Eres maravilloso, y quiero que lo sepa todo el que lea esto. He conocido los rincones más remotos de tu cuerpo, de tu ser, y te juro que me habría quedado en ellos a vivir toda la vida.
Eres uno de mis personas favoritas, aunque ya te lo he dicho demasiadas veces. Eres esa persona con la que me habría gustado despertar todos los días del resto de mi vida (mi vida sin ti). Pero quererte me ha dejado seca, ya no sé por qué vena me estoy desangrando, ni se como hacer que pare. Creo que la única forma sería contigo entrando en razón, pero como debo afrontar las cosas como son, supongo que "el tiempo lo cura todo", y que tú sanaras con él.

Te mereces lo mejor, y espero que lo encuentres. Espero que encuentres una chica que te haga más feliz de lo que alguna vez te hice yo -si acaso lo conseguí-, te mereces alguien que nunca te haga daño, te mereces alguien que se enamore completamente de ti, que pierda el sentido y la razón por tu persona, como yo he hecho, pero a la que sepas corresponder en cuerpo y alma. Ojalá la encuentres, y ojalá la encuentre yo también. Ya no sé si el problema es mío, pero siguen alejándose de mi las personas que más quiero. Quizá no estoy hecha para esto, o quizá simplemente, no estaba hecha para ti... pero cómo me habría gustado, cómo me habría gustado vivir con tu sonrisa eternamente... Ahora, sólo me queda seguir queriéndote con cada pieza, sinceramente, ya las cuento por miles, aunque seguro que tú te has llevado contigo la mitad.

No soy consciente. Sigo pensando, imaginando, que volverás a entrar por mi puerta con ganas de quedarte. Sigo pensando que vas a volver diciéndome que se te hace insoportable estar sin mí. Sigo pensando que vas a necesitarme. Sigo pensando que no vas a encontrar a otra que te llene más que yo, pero lo harás, por supuesto que lo harás, y yo me quedaré callada, quieta, deseando haber sido yo esa persona, deseando haber seguido celebrando meses hasta que hubiésemos perdido la cuenta, deseando que siguieras conmigo, que no estuvieras ya tan lejos.

Sólo, te quiero.

27.2.15


"Qué extraña sensación el no cerrar los ojos cuando me destrozas el corazón. Qué irónico quedarme quieta mientras veo cómo lo conviertes en un millón de pedazos diminutos. 
Deberías saber que ya los cuento por millones, y que lejos de temer el corte de tu afilada lengua, esperan impacientes cada nuevo abrazo de tu espada. Dicen, que tienen un plan, que se han puesto todos de acuerdo en dejarse destrozar por dentro. 
Creo que piensan que así, 
se podrán colar de nuevo por alguno de tus recovecos...
Lo que tú no sabes, es que he aprendido a quererte con cada uno de ellos."

25.2.15

.

“Ya no espero a que me respondas con un “te amo” entre los labios, tampoco a que me contestes el móvil cuando estoy borracha en cualquier bar de la ciudad, sólo para recordarte lo mucho que te quiero y lo mucho que me importas. Y, cariño, no es falta de interés, simplemente entendí que no me necesitas en tu vida, aunque tú en la mía seas indispensable. Estoy jodida, lo sé. Pero debo dejarte ir, independientemente de lo que quiera e independientemente de lo que sienta. “Quédate tranquila”, me dices mientras el mundo se cae a pedazos. “Corre”, me dice la razón; “quédate, vamos a intentarlo una vez más”, me dice el corazón desangrándose por cada agujero causado por balas ajenas. Suelo seguir al corazón, pero llega el día en que te cansas de tanto dolor y prefieres seguir a la razón, aunque a ser verdad termina doliendo de igual manera cuando quieres que alguien te ame con la misma intensidad con la que lo haces tú, pero tristemente las cosas no pasan como en las películas, por desgracia, no decidimos con quien complicarnos la vida. Y lo mejor que puedes hacer es dejarlo ir, porque su felicidad está en otro lugar y al lado de alguien más, aunque hacerlo implique que las noches sean más oscuras, que el invierno sea un poco más frío y que tengas que compartir insomnios con la soledad. Que tengas que dedicarle silencios, porque es una de las muchas formas de querer. Y es que no hay nada más triste que despedirte de la persona con la que un día planeaste un futuro, sin importar un final feliz o uno desastroso, porque la muerte es tentadora cuando la relacionamos con el amor, pero al final terminamos muriéndonos con la soledad entre los dedos y la incertidumbre de no saber cuántas veces tendremos que morir para encontrar a una persona con la cual morir valga la pena.”

Benjamín Griss

15.2.15

¡Qué viva el romanticismo!

Ayer fue San Valentín, que realmente considero otro día más en el calendario, ya que a pesar de considerarme muy romántica, no creo que el amor deba demostrarse un día al año, si no cada día, con pequeños gestos y detalles, y sin necesidad de gastar mucho dinero en grandes regalos para hacer feliz a tu pareja. O al menos eso pienso yo, y creo que la mayoría de las personas.

Aún así, ya que hay un día para todo, ¿por qué no iba a haber un día para el amor? Al fin y al cabo, el proceso es el mismo que con el día del padre, o el día de la madre. Y cómo yo siempre he pensado que el amor es lo que mueve el mundo, me alegra que haya una fecha en el calendario que lo conmemore, aunque no comparta la idea de que sea un día exclusivo para celebrar que estás enamorado.

Pues bien... con todo esto quiero llegar a una "noticia" o idea que me he encontrado por Facebook, para mostrar que no necesitamos mucho dinero para demostrar lo felices que somos con alguien o lo mucho que le queremos. Tan sólo necesitamos ganas, amor, cariño, e imaginación.

Fuente: Difundir.org
La noticia va de un chico que por San Valentín hizo a su novia un regalo súper original (y súper romántico), que empezó con un simple tarro de cristal. Luego, sólo necesito folios de tres colores distintos, y empezó a escribir en ellos notas, para ser exactos, 365 notas, para que su pareja leyera una cada día del año. Los organizó por diferentes categorías, cada una equivalente a un color: recuerdos, frases, razones por las cuales está enamorado de ella... De manera que ella, cada mañana, puede elegir qué quiere leer. Y bien, el resultado final fue el de la derecha.

Es un ejemplo súper sencillo de cómo, con un poco de imaginación y muchas ganas de hacer feliz a tu pareja, puedes hacer algo tan tan bonito como esto. Y de la manera más económica posible.

A mi sinceramente me regalan algo así y me da un infarto, creo que es de los detalles más más bonitos que he visto nunca, además, creo que son cosas que se están perdiendo, como el romanticismo. Con lo bonita que era la época en que se escribían cartas de amor, creo que todo aquello debería regresar... A la vista está, que quizá a una persona que no es muy romántica no le hace tanta ilusión como a otra que sí lo es, pero en serio, ¿a quién no le hace ilusión una cosa así? Por muy frío que seas, te regala esto la persona a la que quieres y deberías derretirte, no sé, a mi me parece increíblemente precioso, por eso necesitaba compartirlo aquí.

Así que nada, comentad qué os parece, y...  ¡Qué viva el amor!


14.2.15

14.

No sé por dónde empezar, pero supongo que lo más fácil es empezar por aquello que sabes de sobra, que te quiero.

Te quiero, y no sé realmente cuando empecé a quererte, pero sí tengo claro que no voy a dejar de hacerlo, que esto es un no parar y realmente es algo que me asusta. ¿Se puede querer tanto a alguien en tan poco tiempo? ¿O quizá es cosa de mi extrema sensibilidad y romanticismo? Nunca lo sabré, pero lo hecho, hecho está, y yo sé que esto ya no tiene solución, que el amor consiste en otorgarle a otro el poder de destruirte, y te aseguro que tú dispones de todas las balas posibles (sólo espero que no aprietes nunca el gatillo).

Sé que te quiero, porque cuando te veo dormir, me pasaría la noche en vela observándote. Que a veces incluso pienso en grabarte, por eso que dicen de que las cosas increíbles deben ser guardadas, y te aseguro que para mi no hay nada más increíble que tenerte en mi cama, y saber que no te vas a ir (Aún así, te guardo en mis ojos junto a mis fotografías favoritas, la tuya ocupando el primer lugar). Que no hay paisaje más bonito que tu silueta bajo mis sábanas, y que desde que te convertiste en mi almohada favorita me cuesta mucho conciliar el sueño si no te tengo.

Te quiero porque me haces reír, porque manejas mi corazón a tu antojo cuando estás cerca y porque a Madrid puedo llamarlo hogar desde que tú entraste en mi vida. Te quiero porque eres real, porque por ti volví a abrir mi corazón después de muchos años de dolor y desamor, y porque me arriesgué a quererte aún sin saber si tú lo hacías. Porque me haces feliz, porque me estremeces con tan solo ponerme un dedo encima, y porque desde que probé tus labios supe que no quería besar otros nunca más.

Te quiero incluso cuando no debo quererte, cuando te vas sin despedirte o cuando me haces enfadar. Te quiero por las noches, por las tardes, a cualquier hora del día. Te quiero en Enero, en Febrero, en Marzo, en Abril... (y ya sabes como sigue). Te quiero en cualquier lugar, en cualquier momento -no te imaginas lo bonito que se vuelve un metro o un autobús cuando eres tú quien viaja a mi lado-.

No sabes lo feliz que me haces cuando estamos juntos, lo rápido que pasa el tiempo cuando te tengo conmigo, y lo mucho que desearía detener los relojes entonces. Nunca me cansaría de ti. Si despertara todos los días contigo a mi lado, y volviera a irme a la cama también contigo, no lo haría. Me has jodido, y mucho. Estoy totalmente atrapada y no sabes lo que me asusta pensar que algún día puedas irte y tenga que olvidarme de ti. Cómo olvidarme de alguien que me ha hecho sentir tanto, que me hace sentir tanto. Cómo olvidarme de alguien que a pesar de ser totalmente lo contrario a lo que buscaba, me ha calado tan dentro. Cómo olvidarme de ti, si para eso tendría que olvidarme también de mi, de lo mucho que te quiero y de lo imposible que me resultaría tener que vivir sin ti, ahora que ya sé lo que es estar contigo.

Te quiero... y mientras escribía esto, y pensaba en la cara que pondrías si por casualidad un día llegaras hasta aquí, y leyeras las cursiladas que la loca de tu chica te escribe, me he dado cuenta de que quizá empecé a quererte antes de lo que imagino, que quizá la vida, el destino (llámalo como quieras) te tenía preparado para mí, como un nuevo reto (porque no eres fácil de querer). Que por eso, en nuestro primer encuentro, decidí quedarme aunque en un principio no fuera a hacerlo. Quizá fue porque tenía que conocerte a ti. Quizá por eso también, en el primer momento en que tu piel y la mía se rozaron la primera noche en que salimos, en aquella cafetería de la estación, sentí cosas que nunca había sentido, cosas que no esperaba sentir por ti. Por eso no aparté la mano, y como me gustó que tú tampoco lo hicieras -y qué bonito me parece ese momento ahora que sé donde hemos acabado-. Qué bonita me parece la vida si eres tú quien está a mi lado.

Feliz 14 mi amor, feliz primer mes. Estoy segura de que nos esperan muchísimos más por pasar juntos. Ojalá este sueño nunca acabe. TE QUIERO, en negrita, en mayúsculas, subrayado...

P.D.: Espero que nunca leas esto, sólo de pensar la cara que pondrías, me muero de vergüenza. Qué distintos somos y cómo te quiero.

20.1.15

Felicidad, qué bonito nombre tienes.

Son las 1:55 de la madrugada, Fuenlabrada, Madrid, mi cama y yo. Acabo de sentir un arrebato de felicidad inmensa y necesitaba compartirlo, o quizás también plasmarlo para recordarlo en un futuro más oscuro. Dicen que la felicidad es efímera, que se mide por momentos, y que nadie alcanza la felicidad plena y prolongada. Yo, ahora mismo, soy feliz. Tal vez mañana al despertar esté contenta, pero no sea feliz. Tal vez vuelva a serlo por la tarde, o no vuelva a serlo hasta dentro de unos días. Quién sabe. Por eso mismo, por ese "quién sabe", quería dejar claro que en este preciso instante lo soy. Pero, ¿Por qué? Bueno, la felicidad a veces viene sin motivo alguno, pero en este caso tengo claros los motivos.



Si me voy a mi última entrada de blog, de Agosto del año pasado, sólo veo temor: a lo desconocido, al futuro, al rechazo, a cambiar de vida... Ahora, cinco meses después, lo único que me llena son las ganas de vivir, de vivir esta aventura que sin duda está siendo la mejor de mi vida, y por la que he luchado tanto. Estoy estudiando la carrera que siempre he deseado, aprendiendo cosas maravillosas que me motivan a seguir esforzándome y trabajando por labrarme ese futuro que tanto ansío. Estoy en Madrid -y quién me lo iba a decir a mí, la chica que fantaseaba con estudiar aquí, que finalmente lo conseguiría-. Me siento llena de felicidad, realizada, porque el esfuerzo tiene su recompensa, y esta es la más grande que podía adquirir. Todo tiene su parte mala. Estoy a cientos de kilómetros de mi familia, sin la cual nada habría sido posible, y de mis amigos, que me han acompañado toda una vida y siguen haciéndolo, aunque en la distancia. Me duele muchísimo estar tan lejos de ellos. Mi familia es el pilar más grande de mi vida, y cuando aquí me vengo a bajo me duele en el alma no poder apoyarme en ellos. Sin embargo, esta aventura me ha brindado cosas maravillosas, no sólo en el sentido educativo y profesional, si no socialmente. He conocido a personas a las que puedo llamar sin ningún miedo amigas, con las que puedo ser yo misma y mostrarme tal y como soy, con mis pros y mis contras, con las que he reído hasta llorar, y con las que espero seguir viviendo grandes momentos en estos cinco años de carrera, y ojalá aún después. Y quizá es pronto, pero me atrevo a decir que he encontrado el amor, o el amor me ha encontrado a mí, quién sabe. Destino, suerte, casualidad... pero con nadie he conseguido jamás sentirme tan bien como me siento, tan clara y transparente, tan viva. Y ojalá esta vez no me equivoque, ojalá no vuelva a volver a escribir poemas tristes y estúpidos sobre la chica a la que nadie se atreve a querer.

Madrid... qué de sorpresas me has traído, cuando hace unos meses me moría de miedo al pensar lo que me esperaba. Tenía pánico, auténtico pavor, sobre todo a ese rechazo que todos tememos, a no encajar, o a no encontrar aquello que venías buscando. Supongo que es algo que nos toca sufrir aún más a aquellas personas que somos más cerradas, que nos cuesta un mundo entablar una conversación con personas desconocidas, y aún más lograr tener una confianza que te permita mostrarte tal y como eres. Tenía claro que no lo conseguiría, soy idiota, soy incapaz de hacer amigos por mi cuenta, pero esta vez lo he conseguido. He conseguido tantas cosas en estos meses que sería estúpido no sentir felicidad por cada uno de mis recovecos. Logré estudiar la carrera de mis sueños, en Madrid. Logré independizarme con el único problema de echar demasiado de menos a los que siempre he tenido a mi lado. Logré conocer a gente parecida a mí, mostrarme tal y como soy con ellos, y sentirme integrada. Logré un amor correspondido, yo, aunque parezca increíble (Es increíble). He logrado superar el primer cuatrimestre de la carrera con unas notas muy buenas, y sigo con ganas de seguir logrando cosas, de superarme, de aprender, de amar, de vivir... Soy tan feliz, que lo único que puede echarme abajo es el hecho de tener a mi gente tan lejos. Echo de menos mi tierra, el sur... pero Madrid me ha llenado de felicidad y pasión, en todos los sentidos, y espero poder continuar esta aventura con la misma ilusión que tengo en este momento.

5.8.14

Miedo.

Me gustaría tener siempre 18 años. Que mi vida se quedase como ahora, que aún sin ser perfecta, siento que de verdad lo es. Porque todo por lo que he luchado hasta ahora, por lo que quiero seguir luchando en un futuro, me va a llevar en unos días lejos de lo que más quiero, mi familia y mis amigos. Dicen que todo tiene un precio, y sin duda este el precio más alto que la vida me ha cobrado. Y es que estoy deseosa de empezar una nueva vida en otra ciudad, conocer a nuevas personas, y empezar a labrar de verdad mi futuro como periodista, pero aún no me imagino cómo será despertar y no escuchar la voz de mi madre dándome los buenos días, no despedirme de mi padre cuando se marche al trabajo, enfadarme con mi hermano porque llegamos tarde al instituto y se marcha sin mi, llegar y no ver a las personas que me han alegrado los días y las noches estos 12-14 años atrás, o no poder vivir cada día los recibimientos de mi perra. No puedo imaginarme como va a ser mi vida. Y tengo miedo, porque todos tenemos algo de miedo a lo desconocido, a lo que aún no hemos vivido, es irremediable. Miedo a no ser aceptada, a defraudarte a ti misma, a no alcanzar lo que te propones, a no saber ser autosuficiente, a echar demasiado de menos lo que has dejado atrás. Tengo miedo a tantas cosas que preferiría que el tiempo se parase en este justo momento, en el que no estoy haciendo nada más allá que escuchar a Lady Antebellum y escribir este texto, pero teniendo la certeza de que tras una pared tengo a las tres personas más importantes de mi vida, y de que en la misma ciudad están las personas que me han hecho feliz a lo largo de casi toda una vida. Puede que mi vida llegue a ser mejor incluso dentro de un mes, que es el tiempo que me queda aquí, pero sin duda lo que he vivido hasta ahora, las personas que me han acompañado, no las voy a olvidar nunca... ni quiero ni podría. No sé que voy a hacer sin todos ellos, no sé que voy a hacer sin quejarme de lo mucho que odio mi ciudad, porque estoy segura que luego la echaré de menos tanto como a estas personas. Ahora sí, sólo me queda aprovechar este mes al máximo, así como he aprovechado mi vida hasta ahora, e ir preparándome para la nueva vida que me espera alejada de todo lo que me ha dado la confianza y el amor que necesito para ser yo misma. Ojalá y nada cambiara. Ojalá y mi nueva vida fuera al menos tan buena como la que tengo.

25.6.14

Quiero que aparezcas, y no dejarte marchar.

Dime, a quién le escribo ahora que ya no estás. Lo cierto, aunque duela, es que nunca has estado. Desde que te fuiste, he estado escribiéndole cartas a alguien que no existe, he estado imaginando cómo sería vivir en esos ojos, que nunca llegué a contemplar como me hubiese gustado hacer. Sin embargo, ya no sé si quiero volverte a ver. Llevo tantos años sin probarte que ya no sé a qué me sabrías, y algo me dice, que no llegaría a sentir nada al rozar tu piel -nada más que nostalgia-. Nostalgia por algo que nunca estuvo. Nostalgia por encontrar unos labios que me digan "quédate", no una, si no todas las noches de mi vida. Por escuchar menos mentiras y que me demuestren más. Nostalgia, en estado puro, por sentirme querida, amada. Por encontrarte, sea cual sea tu nombre, sea cual sea tu domicilio o tu canción favorita. Que cruzaría cualquier océano si hiciera falta sólo por conocerte, por saber a que sabe tu piel, tu boca. A ti, ese que algún día estará aunque ahora no esté. Porque sé que te he estado escribiendo todo este tiempo sin saberlo, sin saberte. ((Y ahora que hago con estos falsos sentimientos que aún perviven por ese alguien que no eras tú)). Y sé que no eras tú porque cuando le dije que no quería conocer a nadie más, que ninguno iba a ser mejor que él, lo único que recibí fue una sonrisa, de compasión, como si mis palabras no valieran nada, como si por dentro no me estuviese muriendo en el mismo instante en que lo miré a los ojos y vi que no quedaba nada de mi en ellos. Mi vida pasó demasiado deprisa en el instante en que sentí que lo había perdido. Qué iba a hacer yo sin él, sin sus ojos azules y su sonrisa a medio hacer. Sin su cuello, ese precipicio por el que me hubiera tirado sin paracaídas, con los ojos cerrados. Sin su boca... ese lugar dónde me hubiera quedado a vivir toda la vida.

Y lo supe, estaba realmente jodida, pero lo peor fue seguir enganchada a él aún cuando ya ni si quiera era él. Seguir enamorada de alguien que ya se había ido, que ya no conocía. Lo idealicé porque sobre el papel soy yo la dueña de todo, de lo que te define, de lo que dijiste y no; soy yo la que crea y deja de crear. Y así fue, le idealicé como ese perfecto hogar donde vivir, como esa canción que jamás dejaría de escuchar. Quizás necesitaba esa absurda necesidad de necesitarte, quizás aún la siento. Posiblemente sólo necesito conocer a ese alguien que sea real, a ese alguien que también esté deseando conocerme, aunque aún no sepa ni la primera inicial de mi nombre. Que me invite a entrar en su vida y que no quiera dejarme salir. Alguien por el que escribir poesía a las 3 de la mañana. Alguien real, a quien abrazar en los días más fríos de Enero, con quien hacer el amor día sí y día también. Alguien con el que aislarme de esta absurda realidad. Que me haga suya, y que yo le deje. Que me convierta en poesía, en cuento, o en cualquier cosa que me inmortalice en su memoria por el resto de los días. 



Yo tan solo aspiro a escribir conociendo el color de tus ojos, la forma en la que sonríes, y como se me acelera el corazón cada vez que pasas tus dedos por mi pelo. Escribir sobre la forma en la que me haces el amor, y cómo me despiertas al día siguiente con una mirada de deseo y orgullo por tenerme en tu vida. Escribir sobre los paseos que damos, los viajes que hacemos, y las locuras que has llegado a hacer por demostrar que me quieres de verdad. Escribir sobre esa espalda que me encanta recorrer con mis dedos cada vez que tengo oportunidad. Sobre esos ojos, que aún no sé si son azules, verdes, marrones o negros. Sobre lo mucho que me acojona perderte y lo que me encanta dormir abrazada a ti, pasando mis manos por tu pecho para sentir tu corazón latiendo, como si eso me asegurase que eres real, y que te tengo. Escribir sobre una historia verídica que prefiero que no tenga finales, aunque al final acabe teniéndolos. Quiero sentir algo, aunque sea dolor, pero dolor real. No quiero seguir sufriendo por alguien que nunca ha estado ni estará. Por alguien que nunca ha existido, pero espero que acabe haciéndolo. 

Por eso me muero, me muero por conocerte, por saber que toda esta espera ha valido la pena.