25.2.15

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“Ya no espero a que me respondas con un “te amo” entre los labios, tampoco a que me contestes el móvil cuando estoy borracha en cualquier bar de la ciudad, sólo para recordarte lo mucho que te quiero y lo mucho que me importas. Y, cariño, no es falta de interés, simplemente entendí que no me necesitas en tu vida, aunque tú en la mía seas indispensable. Estoy jodida, lo sé. Pero debo dejarte ir, independientemente de lo que quiera e independientemente de lo que sienta. “Quédate tranquila”, me dices mientras el mundo se cae a pedazos. “Corre”, me dice la razón; “quédate, vamos a intentarlo una vez más”, me dice el corazón desangrándose por cada agujero causado por balas ajenas. Suelo seguir al corazón, pero llega el día en que te cansas de tanto dolor y prefieres seguir a la razón, aunque a ser verdad termina doliendo de igual manera cuando quieres que alguien te ame con la misma intensidad con la que lo haces tú, pero tristemente las cosas no pasan como en las películas, por desgracia, no decidimos con quien complicarnos la vida. Y lo mejor que puedes hacer es dejarlo ir, porque su felicidad está en otro lugar y al lado de alguien más, aunque hacerlo implique que las noches sean más oscuras, que el invierno sea un poco más frío y que tengas que compartir insomnios con la soledad. Que tengas que dedicarle silencios, porque es una de las muchas formas de querer. Y es que no hay nada más triste que despedirte de la persona con la que un día planeaste un futuro, sin importar un final feliz o uno desastroso, porque la muerte es tentadora cuando la relacionamos con el amor, pero al final terminamos muriéndonos con la soledad entre los dedos y la incertidumbre de no saber cuántas veces tendremos que morir para encontrar a una persona con la cual morir valga la pena.”

Benjamín Griss

15.2.15

¡Qué viva el romanticismo!

Ayer fue San Valentín, que realmente considero otro día más en el calendario, ya que a pesar de considerarme muy romántica, no creo que el amor deba demostrarse un día al año, si no cada día, con pequeños gestos y detalles, y sin necesidad de gastar mucho dinero en grandes regalos para hacer feliz a tu pareja. O al menos eso pienso yo, y creo que la mayoría de las personas.

Aún así, ya que hay un día para todo, ¿por qué no iba a haber un día para el amor? Al fin y al cabo, el proceso es el mismo que con el día del padre, o el día de la madre. Y cómo yo siempre he pensado que el amor es lo que mueve el mundo, me alegra que haya una fecha en el calendario que lo conmemore, aunque no comparta la idea de que sea un día exclusivo para celebrar que estás enamorado.

Pues bien... con todo esto quiero llegar a una "noticia" o idea que me he encontrado por Facebook, para mostrar que no necesitamos mucho dinero para demostrar lo felices que somos con alguien o lo mucho que le queremos. Tan sólo necesitamos ganas, amor, cariño, e imaginación.

Fuente: Difundir.org
La noticia va de un chico que por San Valentín hizo a su novia un regalo súper original (y súper romántico), que empezó con un simple tarro de cristal. Luego, sólo necesito folios de tres colores distintos, y empezó a escribir en ellos notas, para ser exactos, 365 notas, para que su pareja leyera una cada día del año. Los organizó por diferentes categorías, cada una equivalente a un color: recuerdos, frases, razones por las cuales está enamorado de ella... De manera que ella, cada mañana, puede elegir qué quiere leer. Y bien, el resultado final fue el de la derecha.

Es un ejemplo súper sencillo de cómo, con un poco de imaginación y muchas ganas de hacer feliz a tu pareja, puedes hacer algo tan tan bonito como esto. Y de la manera más económica posible.

A mi sinceramente me regalan algo así y me da un infarto, creo que es de los detalles más más bonitos que he visto nunca, además, creo que son cosas que se están perdiendo, como el romanticismo. Con lo bonita que era la época en que se escribían cartas de amor, creo que todo aquello debería regresar... A la vista está, que quizá a una persona que no es muy romántica no le hace tanta ilusión como a otra que sí lo es, pero en serio, ¿a quién no le hace ilusión una cosa así? Por muy frío que seas, te regala esto la persona a la que quieres y deberías derretirte, no sé, a mi me parece increíblemente precioso, por eso necesitaba compartirlo aquí.

Así que nada, comentad qué os parece, y...  ¡Qué viva el amor!


14.2.15

14.

No sé por dónde empezar, pero supongo que lo más fácil es empezar por aquello que sabes de sobra, que te quiero.

Te quiero, y no sé realmente cuando empecé a quererte, pero sí tengo claro que no voy a dejar de hacerlo, que esto es un no parar y realmente es algo que me asusta. ¿Se puede querer tanto a alguien en tan poco tiempo? ¿O quizá es cosa de mi extrema sensibilidad y romanticismo? Nunca lo sabré, pero lo hecho, hecho está, y yo sé que esto ya no tiene solución, que el amor consiste en otorgarle a otro el poder de destruirte, y te aseguro que tú dispones de todas las balas posibles (sólo espero que no aprietes nunca el gatillo).

Sé que te quiero, porque cuando te veo dormir, me pasaría la noche en vela observándote. Que a veces incluso pienso en grabarte, por eso que dicen de que las cosas increíbles deben ser guardadas, y te aseguro que para mi no hay nada más increíble que tenerte en mi cama, y saber que no te vas a ir (Aún así, te guardo en mis ojos junto a mis fotografías favoritas, la tuya ocupando el primer lugar). Que no hay paisaje más bonito que tu silueta bajo mis sábanas, y que desde que te convertiste en mi almohada favorita me cuesta mucho conciliar el sueño si no te tengo.

Te quiero porque me haces reír, porque manejas mi corazón a tu antojo cuando estás cerca y porque a Madrid puedo llamarlo hogar desde que tú entraste en mi vida. Te quiero porque eres real, porque por ti volví a abrir mi corazón después de muchos años de dolor y desamor, y porque me arriesgué a quererte aún sin saber si tú lo hacías. Porque me haces feliz, porque me estremeces con tan solo ponerme un dedo encima, y porque desde que probé tus labios supe que no quería besar otros nunca más.

Te quiero incluso cuando no debo quererte, cuando te vas sin despedirte o cuando me haces enfadar. Te quiero por las noches, por las tardes, a cualquier hora del día. Te quiero en Enero, en Febrero, en Marzo, en Abril... (y ya sabes como sigue). Te quiero en cualquier lugar, en cualquier momento -no te imaginas lo bonito que se vuelve un metro o un autobús cuando eres tú quien viaja a mi lado-.

No sabes lo feliz que me haces cuando estamos juntos, lo rápido que pasa el tiempo cuando te tengo conmigo, y lo mucho que desearía detener los relojes entonces. Nunca me cansaría de ti. Si despertara todos los días contigo a mi lado, y volviera a irme a la cama también contigo, no lo haría. Me has jodido, y mucho. Estoy totalmente atrapada y no sabes lo que me asusta pensar que algún día puedas irte y tenga que olvidarme de ti. Cómo olvidarme de alguien que me ha hecho sentir tanto, que me hace sentir tanto. Cómo olvidarme de alguien que a pesar de ser totalmente lo contrario a lo que buscaba, me ha calado tan dentro. Cómo olvidarme de ti, si para eso tendría que olvidarme también de mi, de lo mucho que te quiero y de lo imposible que me resultaría tener que vivir sin ti, ahora que ya sé lo que es estar contigo.

Te quiero... y mientras escribía esto, y pensaba en la cara que pondrías si por casualidad un día llegaras hasta aquí, y leyeras las cursiladas que la loca de tu chica te escribe, me he dado cuenta de que quizá empecé a quererte antes de lo que imagino, que quizá la vida, el destino (llámalo como quieras) te tenía preparado para mí, como un nuevo reto (porque no eres fácil de querer). Que por eso, en nuestro primer encuentro, decidí quedarme aunque en un principio no fuera a hacerlo. Quizá fue porque tenía que conocerte a ti. Quizá por eso también, en el primer momento en que tu piel y la mía se rozaron la primera noche en que salimos, en aquella cafetería de la estación, sentí cosas que nunca había sentido, cosas que no esperaba sentir por ti. Por eso no aparté la mano, y como me gustó que tú tampoco lo hicieras -y qué bonito me parece ese momento ahora que sé donde hemos acabado-. Qué bonita me parece la vida si eres tú quien está a mi lado.

Feliz 14 mi amor, feliz primer mes. Estoy segura de que nos esperan muchísimos más por pasar juntos. Ojalá este sueño nunca acabe. TE QUIERO, en negrita, en mayúsculas, subrayado...

P.D.: Espero que nunca leas esto, sólo de pensar la cara que pondrías, me muero de vergüenza. Qué distintos somos y cómo te quiero.

20.1.15

Felicidad, qué bonito nombre tienes.

Son las 1:55 de la madrugada, Fuenlabrada, Madrid, mi cama y yo. Acabo de sentir un arrebato de felicidad inmensa y necesitaba compartirlo, o quizás también plasmarlo para recordarlo en un futuro más oscuro. Dicen que la felicidad es efímera, que se mide por momentos, y que nadie alcanza la felicidad plena y prolongada. Yo, ahora mismo, soy feliz. Tal vez mañana al despertar esté contenta, pero no sea feliz. Tal vez vuelva a serlo por la tarde, o no vuelva a serlo hasta dentro de unos días. Quién sabe. Por eso mismo, por ese "quién sabe", quería dejar claro que en este preciso instante lo soy. Pero, ¿Por qué? Bueno, la felicidad a veces viene sin motivo alguno, pero en este caso tengo claros los motivos.



Si me voy a mi última entrada de blog, de Agosto del año pasado, sólo veo temor: a lo desconocido, al futuro, al rechazo, a cambiar de vida... Ahora, cinco meses después, lo único que me llena son las ganas de vivir, de vivir esta aventura que sin duda está siendo la mejor de mi vida, y por la que he luchado tanto. Estoy estudiando la carrera que siempre he deseado, aprendiendo cosas maravillosas que me motivan a seguir esforzándome y trabajando por labrarme ese futuro que tanto ansío. Estoy en Madrid -y quién me lo iba a decir a mí, la chica que fantaseaba con estudiar aquí, que finalmente lo conseguiría-. Me siento llena de felicidad, realizada, porque el esfuerzo tiene su recompensa, y esta es la más grande que podía adquirir. Todo tiene su parte mala. Estoy a cientos de kilómetros de mi familia, sin la cual nada habría sido posible, y de mis amigos, que me han acompañado toda una vida y siguen haciéndolo, aunque en la distancia. Me duele muchísimo estar tan lejos de ellos. Mi familia es el pilar más grande de mi vida, y cuando aquí me vengo a bajo me duele en el alma no poder apoyarme en ellos. Sin embargo, esta aventura me ha brindado cosas maravillosas, no sólo en el sentido educativo y profesional, si no socialmente. He conocido a personas a las que puedo llamar sin ningún miedo amigas, con las que puedo ser yo misma y mostrarme tal y como soy, con mis pros y mis contras, con las que he reído hasta llorar, y con las que espero seguir viviendo grandes momentos en estos cinco años de carrera, y ojalá aún después. Y quizá es pronto, pero me atrevo a decir que he encontrado el amor, o el amor me ha encontrado a mí, quién sabe. Destino, suerte, casualidad... pero con nadie he conseguido jamás sentirme tan bien como me siento, tan clara y transparente, tan viva. Y ojalá esta vez no me equivoque, ojalá no vuelva a volver a escribir poemas tristes y estúpidos sobre la chica a la que nadie se atreve a querer.

Madrid... qué de sorpresas me has traído, cuando hace unos meses me moría de miedo al pensar lo que me esperaba. Tenía pánico, auténtico pavor, sobre todo a ese rechazo que todos tememos, a no encajar, o a no encontrar aquello que venías buscando. Supongo que es algo que nos toca sufrir aún más a aquellas personas que somos más cerradas, que nos cuesta un mundo entablar una conversación con personas desconocidas, y aún más lograr tener una confianza que te permita mostrarte tal y como eres. Tenía claro que no lo conseguiría, soy idiota, soy incapaz de hacer amigos por mi cuenta, pero esta vez lo he conseguido. He conseguido tantas cosas en estos meses que sería estúpido no sentir felicidad por cada uno de mis recovecos. Logré estudiar la carrera de mis sueños, en Madrid. Logré independizarme con el único problema de echar demasiado de menos a los que siempre he tenido a mi lado. Logré conocer a gente parecida a mí, mostrarme tal y como soy con ellos, y sentirme integrada. Logré un amor correspondido, yo, aunque parezca increíble (Es increíble). He logrado superar el primer cuatrimestre de la carrera con unas notas muy buenas, y sigo con ganas de seguir logrando cosas, de superarme, de aprender, de amar, de vivir... Soy tan feliz, que lo único que puede echarme abajo es el hecho de tener a mi gente tan lejos. Echo de menos mi tierra, el sur... pero Madrid me ha llenado de felicidad y pasión, en todos los sentidos, y espero poder continuar esta aventura con la misma ilusión que tengo en este momento.

5.8.14

Miedo.

Me gustaría tener siempre 18 años. Que mi vida se quedase como ahora, que aún sin ser perfecta, siento que de verdad lo es. Porque todo por lo que he luchado hasta ahora, por lo que quiero seguir luchando en un futuro, me va a llevar en unos días lejos de lo que más quiero, mi familia y mis amigos. Dicen que todo tiene un precio, y sin duda este el precio más alto que la vida me ha cobrado. Y es que estoy deseosa de empezar una nueva vida en otra ciudad, conocer a nuevas personas, y empezar a labrar de verdad mi futuro como periodista, pero aún no me imagino cómo será despertar y no escuchar la voz de mi madre dándome los buenos días, no despedirme de mi padre cuando se marche al trabajo, enfadarme con mi hermano porque llegamos tarde al instituto y se marcha sin mi, llegar y no ver a las personas que me han alegrado los días y las noches estos 12-14 años atrás, o no poder vivir cada día los recibimientos de mi perra. No puedo imaginarme como va a ser mi vida. Y tengo miedo, porque todos tenemos algo de miedo a lo desconocido, a lo que aún no hemos vivido, es irremediable. Miedo a no ser aceptada, a defraudarte a ti misma, a no alcanzar lo que te propones, a no saber ser autosuficiente, a echar demasiado de menos lo que has dejado atrás. Tengo miedo a tantas cosas que preferiría que el tiempo se parase en este justo momento, en el que no estoy haciendo nada más allá que escuchar a Lady Antebellum y escribir este texto, pero teniendo la certeza de que tras una pared tengo a las tres personas más importantes de mi vida, y de que en la misma ciudad están las personas que me han hecho feliz a lo largo de casi toda una vida. Puede que mi vida llegue a ser mejor incluso dentro de un mes, que es el tiempo que me queda aquí, pero sin duda lo que he vivido hasta ahora, las personas que me han acompañado, no las voy a olvidar nunca... ni quiero ni podría. No sé que voy a hacer sin todos ellos, no sé que voy a hacer sin quejarme de lo mucho que odio mi ciudad, porque estoy segura que luego la echaré de menos tanto como a estas personas. Ahora sí, sólo me queda aprovechar este mes al máximo, así como he aprovechado mi vida hasta ahora, e ir preparándome para la nueva vida que me espera alejada de todo lo que me ha dado la confianza y el amor que necesito para ser yo misma. Ojalá y nada cambiara. Ojalá y mi nueva vida fuera al menos tan buena como la que tengo.

25.6.14

Quiero que aparezcas, y no dejarte marchar.

Dime, a quién le escribo ahora que ya no estás. Lo cierto, aunque duela, es que nunca has estado. Desde que te fuiste, he estado escribiéndole cartas a alguien que no existe, he estado imaginando cómo sería vivir en esos ojos, que nunca llegué a contemplar como me hubiese gustado hacer. Sin embargo, ya no sé si quiero volverte a ver. Llevo tantos años sin probarte que ya no sé a qué me sabrías, y algo me dice, que no llegaría a sentir nada al rozar tu piel -nada más que nostalgia-. Nostalgia por algo que nunca estuvo. Nostalgia por encontrar unos labios que me digan "quédate", no una, si no todas las noches de mi vida. Por escuchar menos mentiras y que me demuestren más. Nostalgia, en estado puro, por sentirme querida, amada. Por encontrarte, sea cual sea tu nombre, sea cual sea tu domicilio o tu canción favorita. Que cruzaría cualquier océano si hiciera falta sólo por conocerte, por saber a que sabe tu piel, tu boca. A ti, ese que algún día estará aunque ahora no esté. Porque sé que te he estado escribiendo todo este tiempo sin saberlo, sin saberte. ((Y ahora que hago con estos falsos sentimientos que aún perviven por ese alguien que no eras tú)). Y sé que no eras tú porque cuando le dije que no quería conocer a nadie más, que ninguno iba a ser mejor que él, lo único que recibí fue una sonrisa, de compasión, como si mis palabras no valieran nada, como si por dentro no me estuviese muriendo en el mismo instante en que lo miré a los ojos y vi que no quedaba nada de mi en ellos. Mi vida pasó demasiado deprisa en el instante en que sentí que lo había perdido. Qué iba a hacer yo sin él, sin sus ojos azules y su sonrisa a medio hacer. Sin su cuello, ese precipicio por el que me hubiera tirado sin paracaídas, con los ojos cerrados. Sin su boca... ese lugar dónde me hubiera quedado a vivir toda la vida.

Y lo supe, estaba realmente jodida, pero lo peor fue seguir enganchada a él aún cuando ya ni si quiera era él. Seguir enamorada de alguien que ya se había ido, que ya no conocía. Lo idealicé porque sobre el papel soy yo la dueña de todo, de lo que te define, de lo que dijiste y no; soy yo la que crea y deja de crear. Y así fue, le idealicé como ese perfecto hogar donde vivir, como esa canción que jamás dejaría de escuchar. Quizás necesitaba esa absurda necesidad de necesitarte, quizás aún la siento. Posiblemente sólo necesito conocer a ese alguien que sea real, a ese alguien que también esté deseando conocerme, aunque aún no sepa ni la primera inicial de mi nombre. Que me invite a entrar en su vida y que no quiera dejarme salir. Alguien por el que escribir poesía a las 3 de la mañana. Alguien real, a quien abrazar en los días más fríos de Enero, con quien hacer el amor día sí y día también. Alguien con el que aislarme de esta absurda realidad. Que me haga suya, y que yo le deje. Que me convierta en poesía, en cuento, o en cualquier cosa que me inmortalice en su memoria por el resto de los días. 



Yo tan solo aspiro a escribir conociendo el color de tus ojos, la forma en la que sonríes, y como se me acelera el corazón cada vez que pasas tus dedos por mi pelo. Escribir sobre la forma en la que me haces el amor, y cómo me despiertas al día siguiente con una mirada de deseo y orgullo por tenerme en tu vida. Escribir sobre los paseos que damos, los viajes que hacemos, y las locuras que has llegado a hacer por demostrar que me quieres de verdad. Escribir sobre esa espalda que me encanta recorrer con mis dedos cada vez que tengo oportunidad. Sobre esos ojos, que aún no sé si son azules, verdes, marrones o negros. Sobre lo mucho que me acojona perderte y lo que me encanta dormir abrazada a ti, pasando mis manos por tu pecho para sentir tu corazón latiendo, como si eso me asegurase que eres real, y que te tengo. Escribir sobre una historia verídica que prefiero que no tenga finales, aunque al final acabe teniéndolos. Quiero sentir algo, aunque sea dolor, pero dolor real. No quiero seguir sufriendo por alguien que nunca ha estado ni estará. Por alguien que nunca ha existido, pero espero que acabe haciéndolo. 

Por eso me muero, me muero por conocerte, por saber que toda esta espera ha valido la pena.

25.3.14

Tú.

No sé como empezar esto,
no sé cómo manejarlo, cómo manejarte.
Has llegado así, de repente,
y no parece que vayas a irte, y es eso,
lo que tanto me desconcierta...

porque todos se han ido,
el amor nunca se ha puesto de mi parte,
y entonces, tú,
simplemente, tú.

Tú, la primera persona que ha sabido ver dentro de mi.
Has abierto las puertas de mi interior,
y me has contemplado como nadie más lo ha hecho.

(Tú, que has llegado sin avisar...)

Me has matado y revivido a la vez,
y no sé si eso es posible,
pero tampoco esperaba que fuera posible encontrar a alguien como tú,
a ti.

Me has matado porque has entrado en mi cabeza,
me has desordenado los papeles, y me has tocado,
en lo más profundo.

Pero por otro lado, me has revivido.
Has recompuesto el puzzle que se rompió dentro de mi,
tiempo atrás,
las piezas de un corazón malherido, humillado, y vacío...
Tú, lo has colmado de esperanza, de alegría, y de cariño.
Y has cambiado las lágrimas por sonrisas.

No sé que va a salir de todo esto...
Me estás volviendo loca (lo estás haciendo),
no sé qué quiero -nunca lo sé-,
pero estoy segura de que como tú,
hasta ahora,
nadie.

De que cómo tú me has visto,
nadie lo ha hecho.
Por eso, si no es mucho pedir,
te pido que no dejes de hacerlo,

(qué nunca dejes de hacerlo...)

Porque si al final de la historia,
todo se queda en un principio,
desearía vivir sabiendo, que alguien,
se ha tomado la modestia de conocerme de verdad,
de ver más allá de lo que soy,
y de entenderme, como tú lo haces...
-porque, tú-.






19.3.14

Carta de despedida.

Quizás sea una idiota por el tiempo que voy a desperdiciar escribiéndote esto... Pero qué son unos minutos más, cuando he gastado toda una vida detrás de ti.

Llegaste a mi vida uno de esos días de Septiembre en los que todos odiamos más que nunca la rutina, y sólo deseamos que Junio llegue de nuevo, con sus brazos abiertos y el calor del Sol listo para acogernos. Confieso que en el momento en que apareciste, jamás imaginé que nuestra historia, si puede llamarse así, fuera a durar tanto, y a la vez tan poco.

Nunca tuviste mi atención. Había oído hablar de ti, unas cuantas veces, pero lo que se me venía encima, nunca lo esperé. Fue realmente una de las casualidades más bonitas y a la vez más equivocadas de mi vida. No debí dejarte entrar... no debí montarme contigo en aquel coche... Nunca debí enamorarme de ti, pues fue lo peor que he hecho en mi vida.

Llego el primer beso, y el segundo, y el tercero... los días pasaban y tu y yo no éramos ya simples desconocidos, eramos algo más que eso, algo que no tenía nombre pero que hacía de los nuestros uno solo -nosotros-. Voy a dejar claro, que el mes que pasamos juntos, ni si quiera estaba enamorada de ti. Cuando me dijiste ese día 11, un número que refleja todo y a la vez nada, que nada te haría más feliz que estar conmigo, (dar un paso más -decías-) tampoco estaba enamorada de ti. Pero yo era una niña tonta de tan solo 15 primaveras (qué iba a saber yo lo que era el amor). No supe valorarte, eso es cierto. Desaproveché momentos que he deseado volver a vivir mil y una noche -qué son las noches que he pasado pensando en ti-, y entonces llegó el final, el final de una historia más, como otra cualquiera. Dos jóvenes que se conocen, empiezan a salir, y terminan por cualquier motivo tonto. Pero esa historia no quedó ahí, (nuestra) historia me caló hasta los huesos, y han pasado ya tres años, hasta que por fin he podido olvidarla.

Dicen que no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes, y realmente eso fue lo que me paso a mi. Tenías, tienes, o no sé, porque creo que nunca te he conocido realmente, todo lo que siempre he buscado. Un romántico de los de verdad, que me tenía como musa en sus poemas de amor, que me besaba en cada oportunidad que encontraba, me respetaba, me cuidaba y sobre todo me quería, o eso quiero creer. Fue en el momento en que te perdí, en el momento en que recibí el mensaje que acabó con todo lo que teníamos -lo poco, que teníamos- cuando me enamoré de ti. De tu sonrisa, tus inigualables ojos azules, y tu forma de ver la vida, las cosas, de verme a mi. Sólo mi almohada (que pobre de ella, es la que más ha aguantado en esta historia) sabe realmente las cientas de noches de insomnio en las que derramé mis lágrimas sobre ella. La ahogaba con mis penas, con tu olvido, y con tu recuerdo.

Cuántas veces, a lo largo de estos tres años, cuántas veces me hiciste realmente feliz, me prometiste de nuevo un futuro, una nueva oportunidad para ser lo que nunca fuimos... (cuántas veces...) Las mismas veces que me arrebataste todo lo que nunca me llegaste a dar, dejándome de nuevo sumida en la mayor de las angustias que he padecido nunca -el no tenerte-. Y es que ese dolor me dejó una marca que nadie va a poder borrar. Me enseñaste lo que era amar, pero nunca aprendí lo que era sentirse amada. 

Hoy, 3 años después, puedo decir que he malgastado 1266 días enamorada de alguien que nunca existió. He estado enamorada de un fantasma, de una imagen idealizada que tenía del hombre que pensé que me haría la mujer más feliz. Soñé  pasear contigo de la mano por Madrid, Venecia, París... para despertar finalmente en mi cama sola, -vacía-, (y tan vacía) sin ti, sin nadie; porque yo nunca quise a nadie si no eras tú.

Nunca me enseñaste a ser amada, pero si a amarme a mí misma, y de esa lección que me diste he aprendido a no creer en las promesas, a no confiar en las palabras, porque todas esas palabras vuelan, se van, como tú te fuiste, como tus promesas y tus palabras hicieron. Lo único que permanecen son los actos, los pequeños detalles, las sorpresas. Y tú nunca me diste sorpresas, ni me demostraste todo lo que decías -todo aquello que parecía tan perfecto, que parecía tan tú-.

Así que aquí estoy, escribiendo la última de las cartas que nunca leerás, y nunca la leerás porque no eres tú de quien me enamoré, no sé donde estará esa persona, pero no tengo prisa en encontrarla, tengo toda una vida por delante, y prefiero conocer a un hombre que merezca la pena, a encontrar a un idiota que me prometa un falso futuro como tú hiciste. Me rompiste, ¿sabes? Nunca fuiste realmente malo conmigo, al contrario, pienso que eres una persona con un buen corazón, fue una de las cosas por las que me enamoré de ti, pero lo demás se fue, se fue con la persona que amé, aquella que nunca me devolvió nada de lo que le di, porque se lo di todo -te lo di todo-, te regale mis noches sin dormir, mis lágrimas. Te regalé cientos de poemas que nunca recibirás. Te regalé todo lo que un hombre debería querer obtener de una mujer: su respeto y su amor. Y tú nunca lo aceptaste, nunca me quisiste. Me hiciste daño, pero ahora soy más fuerte, y todo gracias a ti.

Se despide para siempre, tu (no) alma gemela,
yo.